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La actitud mental que tenemos ante las situaciones y relaciones personales, tiene un impacto que va más allá de lo que hacemos y sentimos en el día a día. Tiene impacto en nuestra capacidad de generar y crear situaciones concretas. Por eso, es importante diferenciar entre actitudes positivas y negativas.
Las actitudes positivas son las que facilitan a la persona enfrentarse a la realidad de una forma sana y eficaz, enfocando de forma consciente e intencionadamente la atención a soluciones.
Las actitudes negativas, en cambio, son las que dificultan la relación de la persona con el entorno o situación. Pueden servir para desfogarse pero no para solucionar el reto que tenemos delante.
La libertad de la persona radica justamente en poder escoger entre una actitud positiva y una actitud negativa, en cada momento. Por otro lado, las actitudes son «contagiosas».
Si cuando tenemos un reto o preocupación, nos rodeamos de personas con actitud positiva, seguramente nos impulsará a seguir adelante, aprender y evolucionar, orientándonos hacia soluciones.
Tomemos conciencia de ello, y sustituyamos frases como «¿por qué a mí?», «no hay nada que pueda hacer» por «¿que puedo hacer diferente?», «¿qué puedo hacer que todavía no haya probado?», «¿cuál es el aprendizaje de esta situación?».
Hay un poema, que a menudo se atribuye a Benedetti, que expresa muy bien este derecho a escoger nuestra actitud, en cada momento, y que, puede tener más impacto a nuestra vida de lo que a priori podemos pensar.
¿Cómo va a ser tu día hoy?
Esta mañana desperté emocionado
con todas las cosas que tengo que hacer
antes que el reloj sonara.
Tengo responsabilidades que cumplir hoy. Soy importante.
Mi trabajo es escoger qué clase de día voy a tener.
Hoy puedo quejarme porque el día esta lluvioso
o puedo dar gracias a Dios porque las plantas están siendo regadas.
Hoy me puedo sentir triste porque no tengo más dinero
o puedo estar contento que mis finanzas me empujan
a planear mis compras con inteligencia.
Hoy puedo quejarme de mi salud
o puedo regocijarme de que estoy vivo.
Hoy puedo lamentarme de todo
lo que mis padres no me dieron mientras estaba creciendo
o puedo sentirme agradecido de que me permitieran haber nacido.
Hoy puedo llorar porque las rosas tienen espinas
o puedo celebrar que las espinas tienen rosas.
Hoy puedo autocompadecerme por no tener muchos amigos
o puedo emocionarme y embarcarme en la aventura de descubrir nuevas relaciones.
Hoy puedo quejarme porque tengo que ir a trabajar
o puedo gritar de alegría porque tengo un trabajo.
Hoy puedo quejarme porque tengo que ir a la escuela
o puedo abrir mi mente enérgicamente
y llenarla con nuevos y ricos conocimientos.
Hoy puedo murmurar amargamente porque tengo que hacer las labores del hogar
o puedo sentirme honrado porque tengo un techo para mi mente, cuerpo y alma.
Hoy el día se presenta ante mi esperando a que yo le de forma y aquí estoy,
soy el escultor. Lo que suceda hoy depende de mi,
yo debo escoger qué tipo de día voy a tener.
Que tengas un gran día… a menos que tengas otros planes.
Y tu, ¿cómo elegirás que sea tu día hoy?
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4 respuestas
Qué buen consejo gracias, porque somos los únicos dueños de nuestra vida
Me alegra que te haya gustado el artículo, Monica. ¡Gracias por comentar y hasta la próxima!
Quiero saber a quién pertenece el poema
Gracias por pasarte María Inés… tal como indico en el texto del artículo, es un poema que se atribuye a Benedetti. Un abrazo, Roser